viernes, 29 de agosto de 2014

La presencia del otro que irrumpe en nuestras vidas

La presencia del otro que irrumpe en nuestras vidas
Teresa González
La presencia del otro que irrumpe en nuestras vidas, es una experiencia que sigue siendo real cada vez que abrimos las puertas y compartimos nuestra casa con algún caminante que se acerca recordándonos el sentido de MAMBRE. Este verano ha sido un ratito, solo unos días, pero la visita de Rashida y Maruam ha sido como siempre, un tiempo de descentramiento que nos obliga a salir de nuestros dinamismos convulsos de cotidianidad para que se dé ese encuentro. Rashida y Maruam llevan pasando por nuestras vidas, y las de Manolo y Chana, desde hace ya 4 años. Maruam, con 9 añazos ahora, viene cada tres meses a hacerse la revisión del trasplante que se hizo hace 5 años en el Hospital Virgen del Rocío. La travesía cada tres meses de Rashida y Maruam desde Ausha, muy cerquita de Nador, hasta Sevilla se repite una y otra vez: autobús, barco y tren acompañados de una gran dosis de paciencia y de la siempre intranquila espera de los resultados del análisis del primer día de los médicos. Rashida siempre sonríe, mira hondo y tiene firmeza, fuerza a la vez que una gran ternura. A pesar de haber vivido en España más de un año, cuando Maruam se trasplantó, su español apenas logra pasar de: hola, sí, muy bien…, eso no le impide manejarse por la ciudad entre autobuses y hospitales. Como mujer, su presencia me habla de lucha, de cuidados, de fortaleza y de no quedarse en lamentos. Este verano la primera semana de julio era Ramadán. Y ahí se nos abre ese otro gran misterio. Hasta las 10 de la noche, nada, ni agua. No importa viaje, calor, ni cansancio, hasta las  10 en punto nada. A esa hora hacemos fiesta, por fin podemos compartir un rato de mesa con ella y Maruam. Ayer leía en la página web de la editorial Fragmenta, el sentido de su nombre: Fragmenta es una forma plural del latín fragmentum, ‘fragmento'. Es posible entender las religiones como fragmentos, como intuiciones siempre incompletas e imperfectas de una realidad más grande. En nuestros encuentros con Rashida se percibe ese fragmento desde el que ella vive la transcendencia en su vida. Maruam, por su parte es un niño plenamente feliz. Disfruta jugando con Edu y con Ignacio cada vez que viene. Este verano ha aprendido un juego de cartas con los peques, “el pescaíto”, un momentazo: “Buena pesca” dice con su español arabizado. Maruam es el primero de su clase. Sabe 3 idiomas y estudia un cuarto. Sus maestros no dejan de sorprenderse de su rendimiento. Rashida le mira orgullosa y él se sonríe casi sonrojado cuando te vuelve a decir que sigue siendo el primero de sus compañeros. En septiembre vienen de nuevo, seguro que viene más alto y con ganas de aprender nuevos juegos. Es ese el milagro de la vida, don, regalo, siempre inexplicable. Y es que como Abraham en MAMBRE la visita del caminante siempre trae presencia de Dios,  experiencia de salida y un profundo encuentro con el misterio de lo humano.
Rashida, la abuela Margari y Teresa

Edu y Maruan
           

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